Doña Irma

Doña Irma no paraba de hablar. El suyo era un monólogo largo, denso, sin interrupciones. Tenía sesenta y seis años y se encontraba muy bien de salud y de ánimo. Iba y venía de la cocina con el mate que parecía usar como micrófono porque hacía rato que ni tomaba ella, ni cebaba. Bajita y regordeta, su rostro estaba siempre rosado, como excesivamente maquillado, aunque no usaba cosmético alguno, salvo las cejas, muy arqueadas, que se pintaba con un lápiz especial.

— Estoy convencida Sandra -le decía a su hija- hay que mirar para adelante, hay que hacer cosas, tener actividades y ser uno mismo. Tenés que vivir. Con tus cuarenta y dos años parecés mayor que yo. No todo es trabajo. Tenés que conseguir a alguien, nosotros no vamos a estar siempre. Desde que leí “Vive tu vida sin pensar en el que dirán” soy otra. ¡Eso tenés que hacer vos, por favor querida!

Sandra continuó mirando la televisión como si no la escuchara.

— Sandra ya tiene pareja -interrumpió Don Enrique sin levantar la vista del diario que estuvo leyendo durante todo el discurso.
— ¿Qué decís papá? -dijo Sandra mirando sorprendida a su padre que rara vez hablaba.
— El otro día, sin querer, vi como se besaban en las cocheras del edificio, detrás del Jeep ese que no sacan nunca.
— Papá... -empezó Sandra con el control remoto en la mano sin poder terminar la frase, mientras el televisor quedó clavado en el programa “Indiscreciones”.

— ¡Al fin querida, ya era hora! - interrumpió doña Irma- ¿no será un separado, no? Y bueno, si es así no importa. En el libro “Ayúdese a vivir y viva ayudando a ser feliz a quienes lo rodean” dice que lo importante es hacer lo que uno siente. Cuantos conocen a alguien, incluso casado y después es el gran amor de su vida. Y hay muchísimos casos en que llegan a formar una familia, con hijos y todo.
— Mamá... -empezó Sandra.

— ¡Nada, nada! Esta noche misma quiero que venga. Sea separado o no quiero conocerlo. ¡Mirá que te lo tenías guardado picarona, eh! Es lo que yo te decía, que no te importe lo que opinen los vecinos ni los familiares, viví tu vida Sandrita que mamá es feliz ¿no querés que te preste alguno de los libros de que te hablé?

Sandra miró a su madre. Sonreía su boca pero no sus ojos. Meneó la cabeza y prometió que esa misma noche vendrían.
Doña Irma no pudo dormir su acostumbrada siesta imaginando el príncipe azul de su hija.
Ya había anochecido cuando sonó el timbre.

— ¡Abrí Enrique por favor, que debe ser Sandrita! ¿Te habrás sacado las pantuflas esas, no? ¡Ponete los mocasines marrones! - gritó la mujer muy exaltada.
— Voy, voy -contestó Enrique y se dirigió hasta la puerta arrastrando las pantuflas.
— Hola papá, ¿cómo estás? - dijo Sandra mirando a los ojos a su padre.
— Bien querida, bien. Pasen, pasen por favor.

Doña Irma había puesto a Frank Sinatra como música de fondo, hizo su entrada triunfal desde la cocina con una botella de champagne, cuatro copas y un florerito con jazmines en una hermosa bandeja no usada en años. Se había puesto su mejor atuendo para impresionar a su yerno, al que imaginó buen mozo, simpático y galante.

— ¡Hola, hola, familia! - casi gritó.

Dió cuatro pasos, uno más lento que el otro y se quedó parada, como una estatua viviente de los domingos en Recoleta, Caminito o San Telmo. Hasta se puso más blanca que ellas.

— Mamá, espero que los libros de los que hablás todo el tiempo sean completos y que los hayas leído todos. Te presento a María Laura, mi pareja.



Dos horas después don Enrique estaba sentado con las piernas juntas y las manos entre las rodillas. Al abrir y cerrarlas simulaba un aplauso inconsciente que tenía mucho de nervios, nada de celebración y hacía que todo su cuerpo vibrara. No levantaba la cabeza, parecía hipnotizado con su propio movimiento. Nadie lo envidiaría.
En otro sillón, Sandra y María Laura, cruzadas de brazos se rozaban las manos en forma recatada e invisible para los demás. Sobre ellas, un cartel indicaba: Terapia Intensiva. Sala de Espera.
El pico de presión no fue tan grave. Doña Irma sobrevivió. Se desconoce si leyó nuevamente sus libros de autoayuda que le hicieron abrir mucho su boca y poquito su mente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

genial!!!!!!!!!!!

Anónimo dijo...

muy bueno!