El que llegó bien alto

Pase Clifford, pase y tome asiento. Ya se porque vino a verme. ¿Sabe qué pasa Clifford? Nueva York es sólo para ganadores y gente con carácter. Esta actividad no es para débiles ni para dubitativos. Hay que usar la mente, no el corazón. Si el empleado, sea quien fuere, no rinde, se lo cambia de sección una semana, se lo evalúa y si no se adapta y sigue sin rendir, a la calle. Así de simple. Y créame que se le está haciendo un favor al proceder así, porque si lo deja en el puesto esa persona va a estar frustrada, esa persona va a tener stress, va a ser un mal ejemplo para el resto y puede llegar a ser un generador de conflictos interno para la empresa, lo que conllevaría a crear una situación insostenible. No dude Clifford, échelo sin miramientos si es lo que corresponde.
No me mire así, Clifford. ¿Tiene una idea de las cabezas que tuve que pisar aquí en Nueva York para llegar a donde llegué? En esta actividad, mi querido amigo, no se considera traición conseguir información de cualquier forma para lograr un negocio antes que la competencia, ni mentir... y ni que hablar de las relaciones públicas. No se imagina lo que invertí en regalos para el chofer del Presidente de la Arizona Oil Company, pero su información me permitió el último ascenso. Es de práctica corriente proporcionarle diversión a los directivos de las compañías en donde se harán licitaciones en que participa nuestra empresa. Y cuando le hablo de diversión, que quede claro que no es visitar una exposición ni ir a cenar. Hay que encargarse en la mayoría de los casos de la contratación de prostitutas de primer nivel, conseguir blanca y éxtasis de la mejor calidad y organizar “fiestitas”, cuando más divertidas, mejor. Ahora que recuerdo mi primer espaldarazo fue por una reunión que me tocó organizar en Las Vegas… aunque llamarla reunión suena gracioso. Fue una orgía descomunal.
Sepa Clifford, que mi proceder es el que corresponde para mi puesto. Nunca hubiera llegado a tener esta oficina en las torres más altas e importantes de Nueva York si hubiera usado el corazón y las buenas armas, en lugar de la mente y los recursos a mi alcance.
Y volviendo al tema por el que me vino a ver, no dude con respecto a echarlo porque yo no dudaré con respecto a usted si no hace lo que corresponde.
Proceda correctamente y quizás, algún día, pueda tener un despacho como este, de ciento cincuenta metros cuadrados para usted solo, dos secretarias, chofer y un sueldo de seis y medio millones al año, más los bonos que da la empresa. Y todo el futuro por delante.
Créame que comprendo que por tratarse de mi hermano haya venido a consultarme, pero si es lo que corresponde, lo echa y asunto terminado. Venga Clifford, venga. Acérquese a esta ventana y vea el horizonte de su futuro.
Observe esta espectacular vista. Nueva York desde el piso ciento tres es imponente. Mire el cielo e imagínese su futuro en la empresa. Un futuro con un horizonte límpido. Un futuro importante, como Nueva York, repleto de posibilidades para progresar, un horizonte... ¿y eso…? ¿Qué es eso, Clifford? Un avión... ¡Clifford, eso es un avión...! ¡Nos va a chocar! ¡Un avión!¡Un avión!

1 comentario:

Silvia Macario dijo...

Horacio: Me quedo anonadada leyendo cada una de tus historias. Una mejor que la otra!!!
Sos un grande!