El trato

Yo estaba sentado en el patio jugando tranquilo. Justo después que puse el triangulito azul, que era la última de las maderitas de la torre que estaba haciendo, vino Patricia y me la tiró. Por eso cuando la alcancé la pellizqué y se puso a chillar como la chilindrina. Cuando me encontraron me retaron y me pusieron en penitencia en el mismo lugar donde me había escondido.
La pellizqué pero no le pegué… porque a las nenas no se les pega, menos si son más chiquitas y mucho menos si son la hermanita de uno. Así me dice siempre mamá. Ella me habla muy dulce, menos cuando me porto mal. ¡Como gritaba el día que le corté la pollera con la tijerita del colegio!
Pero me encanta cuando me despierta porque me habla con voces raras, como de monstruitos borrachos o duendes locos, me rasca la cabeza con un solo dedo en forma de circulitos y me hace tantas cosquillas que me dan ganas de hacer pis y quedo colorado como la camiseta de Independiente.
Mamá tiene razón… a Patricia no le tengo que pegar ni contarle el supersecreto que me confesó el otro día. Le di mi palabra de hombre que no le voy a decir nada y voy a cumplir.
Pero ojo, yo igual quiero la bicicleta roja, el disfraz de Batman y el yo-yo, así que con mamá hicimos un trato: yo no le cuento nada a mi hermanita pero ella tampoco le va a decir a papá, a mis tíos y a los abuelos que ya sé que los reyes magos no existen.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Simplemente gracias por estar en tu cuento,me encantó!!!!!!!!!!!!!
y me emocioné.
te quiero!

patricia