El del medio

No te asustes Plumita, soy yo. Esperá que te pongo agua en la bañadera. ¿Tenés alpiste? Bueno, vos cantá si querés que yo me vine a esconder acá detrás del lavarropas porque tenía ganas y porque sí. Y a mi no me importa que papá y mamá se asusten si no me encuentran; mejor si se asustan. Pero seguro que ni se dan cuenta que no estoy porque todo el día están preocupándose por Javier. Que a dónde va, con quién, a qué hora va a volver, qué ropa se va a comprar o discutiendo por el aro que se puso en la ceja ó el tatuaje que quiere hacerse en el brazo. Yo le dije que se tatuara a Bart Simpson pero el quiere una calavera ó una boca con la lengua afuera, y mamá no quiere y papá se ríe; y mamá se enoja cuando papá se ríe. Y le dice que le ponga límites. Pero parece que papá no sabe bien dónde tiene que ponérselos porque siempre gritan por lo mismo.
Y si no están discutiendo por Javier están pendientes de Celeste. Que si Celeste se hizo caca, que si Celeste tiene hambre, que si Celeste se cayó ó dijo papá ó dijo mamá.
Yo la escuché decir ‘Tomy‛ antes que ningún otro nombre pero cuando se los dije se rieron y no me creyeron. Y estoy seguro que no me creyeron porque mamá le contó a la tía por teléfono que lo primero que dijo fue mamá y puso una voz como de tonta imitando a Celeste. Y cuando habla así me de bronca porque ella no es tonta, se hace.
Pero más bronca me da que antes papá me llevaba siempre a la plaza los sábados a la tarde, pero ahora tiene que cuidar a Celeste cuando mamá va al gimnasio porque dice que le quedó todo flojo y una panza bárbara. Y sino papá tiene que llevar a Javier a jugar al básquet.
Ahora todavía soy petiso, pero cuando crezca yo también voy a jugar al básquet y me va a tener que llevar. Y además me voy a hacer sesenta tatuajes aunque a papá y a mamá no les guste.
Igual yo se que me quieren. Me doy cuenta cuando me vienen a saludar a la noche y me hago el dormido mientras me acarician el pelo, me tapan bien hasta el cuello y me dicen “principito” como me decían antes.
Y mi hermano también me quiere. Javier me dice siempre ’pendejo hincha pelota‛ pero es bueno conmigo. El otro día me trajo un paquete de figuritas. No, eran dos paquetes, con cuatro figuritas cada uno… entonces… ocho figuritas me trajo. Y el domingo a la tarde, que estaba con sus amigos, no cerró con llave la puerta de la habitación y hasta me dejó entrar un ratito. Se enojó con uno porque me mostró la foto de la prima que no tenía nada de ropa puesta, pero nada ¿eh? Le dijo: no seas boludo... que mi hermanito es chico, todavía.
Para ver la foto soy chico, pero un montón de veces me dicen “vos ya sos grande para hacer eso…”
A Celeste la cuido cuando mamá me lo pide y también ayudo a cambiarla. Yo destapo la pomada blanca que le ponen en la cola pero no se la pongo porque me da un poco de asco. Siempre me acuerdo la primera vez que la vi sin pañales y mamá me explicó que como era nena no era como yo. Ella tiene una rayita y nada más.
Yo se que me quieren... pero igual me voy a quedar acá escondido y no me importa que se asusten mucho. Y para el día de la familia no les voy a hacer nunca más una tarjeta como la última vez, en el colegio, que todos se rieron cuando escribí: papá y mamá son míos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

GENLAL,ESTA HERMOSO A CUATOS DEL MEDIO LES PASARA LO MISMO!!!!!!!!!!!!

PATRICIA

Mariana Marziali dijo...

Horacio: realmente es hermoso este relato, me hizo sonreir y emocionar...es como escuchar a mi hermana( es la del medio).. y me vinieron a la mente miles de escenas familiares de antes y ahora (en mi propia familia).Gracias por compartirlo en este espacio.Saludos.
Mariana